En el momento que escribo esta entrada ya hemos abandonado la ciudad de El Calafate, y con ello abandonamos nuestra estancia en Patagonia -más de dos semanas, entre treeking, visitas y retenciones-. Cambiamos totalmente de aires y nos desplazamos al noroeste de Argentina: las ciudades de Salta y Jujui y las quebradas de Humahuaca, no lejos de la frontera con Bolivia, y próximas al trópico de Capricornio; con ello, imaginamos, cambiamos el frío y ventoso sur por el caluroso y alto norte -Salta está a unos 1200 metros de altitud- (por cierto, tampoco demasiado lejos de Tucumán: ¿os acordáis de la mamá de Marco?).

Estos días pasados en El Calafate han sido de visitas a glaciares y a zonas de montaña; El Calafate es la población que da entrada al Parque Nacional Los Glaciares, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (es solo una parte del Campo de Hielo Patagónico Sur). Aunque hemos visitado otros glaciares en una excursión en barco (de la que os dejamos alguna imagen de témpanos flotando en el lago Argentino -un lago enorme al que vierten todos estos glaciares-), la estrella indiscutible del parque es el famosísimo glaciar PERITO MORENO; y no es el más famoso porque sea el más grande o más alto -cosas en la que le superan otros glaciares que hemos visto-, sino por el hecho de que tiene su frente (de varios kms.) situado a pocos metros de una península en la que, desde unas pasarelas, se puede contemplar con una gran cercanía. Sólo hay un par de palabras para expresar lo que transmite el glaciar: MA-JES-TUO-SO e IM-PRE-SIO-NAN-TE. Es alucinante situarse frente a esa gigantesca masa de hielo de 60 metros de altura y varios kms. de frente y estar escuchando “casi” su respiración, sus crujidos internos y ver cómo se desploman sobre el lago -con enorme estruendo- pequeños trozos que caen de cualquier lado de su frente; “el Perito se rompe”. Ocurre algo parecido a cuando uno se sitúa junto a una lumbre y no puede dejar de mirar el fuego, o en una cascada y no se puede dejar de mirar cómo cae el agua: es algo hipnótico y te puedes quedar allí horas clavado frente a la “bestia” (como de hecho hicimos). En fin, no se si me he puesto un tanto cursi, pero, la verdad, impresiona mucho.



También nos hemos “acercado” a la mítica población de El Chaltén (entrecomillo acercado porque El Chaltén está como a 220 kms de bus de El Calafate -recorriendo la, también mítica, Ruta 40-, pero aquí esas distancias son mínimas). El Chaltén es un pueblo nacido en 1985 para intentar frenar las intenciones expansionistas de Chile por esta zona (nos ha parecido que, auque conviven como pueblos fronterizos, argentinos y chilenos tienen entre sí “alguna cosilla pendiente”). Se ha convertido en un lugar casi mítico y en la “capital nacional del treeking”, a la que llegan miles de excursinistas, treekineros y alpinistas para hacer senderos -o escalada- en torno al Fitz Roy y otras cumbres; el Fitz Roy es un gigantesco pico de casi 3500 m. que pudimos ver al llegar desde lejos pero que, al hacer treeking de aproximación hacia alguno de los miradores de los pies, estaba absolutamente cubierto por nubes y nieblas, “totalmente desaparecido” para el resto del día (por cierto, el nombre del pico -Fitz Roy- corresponde al capitan del Beagle, barco en el que hizo su famosa travesía Darwin, a partir de la cual escribió su no menos famoso origen de las especies).

La ruta a pie que hicimos en El Chalten recorría un bonito bosque patagónico que nos deparó alguna sorpresa de fauna (voladora, la terrestre sigue siendo escasa): nos sobrevolaron varios condores -sí, ya sé que la foto es muy lejana, pero los cóndores no acostumbran a posar para el turista- y pudimos ver trabajando, muy cerca nuestro, a un laborioso pájaro carpintero gigante de cabeza roja. También hemos visto flamencos, pero éstos en un humedal de El Calafate.



Dejando la naturaleza, hace días que no escribo comentarios gastronómicos. Esta zona es famosa por su cordero cocinado al “espeto” como puede verse a través de los cristales de los restaurantes. Lo probamos y estaba rico, aunque no nos pareció tan bueno como los solomillos de ternera que comimos en Buenos Aires o la merluza negra de Ushuaia. Por cierto, aquí también hemos comido rica merluza negra y espectaculares truchas, pescadas esa misma mañana en el lago Argentino.
No hemos hablado de las bebidas: por supuesto que hemos bebido rico vino argentino, pero hay una curiosidad que hos ha gustado mucho: en Patagonia hacen cervezas estupendas -rubias, rojas, negras-, parecidas a las alemanas o las belgas. Indagando con los camareros un poco (o, simplemente, leyendo las etiquetas de las botellas que para eso están) se descubre que a esta zona llegaron, a finales del siglo XIX, bastantes alemanes y fueron ellos los que empezaron a elaborar cerveza aquí..., y la tradición ha continuado hasta la actualidad. Muy buena y, frecuentemente, en botellas de litro.


En el capítulo de curiosidades, también se puede comentar algo sobre productos de supermercados. Por supuesto, hay estantes llenos de mate, en muy distintas variedades (los patagónicos tanto de Argentina como de Chile tienen auténtico vicio por el mate), muchas salsas -gran cantidad de mayonesas-, muchísima pasta (se nota la tradición de la emigración italiana) y con marcas italianas, mucho vino, aguas saboreadas de variados sabores, sobres para hacer refresco (todavía existe el Tang), carne de ternera baratísima (un kilo de solomillo de ternera unos 8 euros), poco y carísimo aceite de oliva, bastantes precocinados, muchos y enormes helados...
Un último comentario al paisaje patagónico: tanto el día que hemos ido a El Chaltén, como el que hemos tenido que desplazarnos a la población de Rio Gallegos para tomar el avión hacia Buenos Aires-Salta (hay aeropuerto en El Calafate, pero el bloqueo chileno ha afectado también a las reservas de avión y no hemos encontrado vuelo si no era desde Rio Gallegos, a 300 kms de El Calafate, kms que hemos tenido que hacer en bus; por eso el viaje desde El Calafate hasta Salta, teniendo que pasar por B. Aires, nos va durar casi 24 horas) hemos atravesado muchísimos kms de llanura patagónica: es un paisaje duro y monótono; una estepa barrida constantemente por el viento donde la vida vegetal y animal parece detenida: enormes extensiones áridas, con pequeños matojos arbustivos extendiéndose hasta donde alcanza la vista, de gran planitud, fundiéndose en el horizonte con mares de nubes de las más diversas formas. A su modo, da un poco la misma sensación -por supuesto de otra forma menos estética- que el gigante Perito Moreno: la enormidad de la naturaleza de esta zona.
En fin, creo que por hoy ya hay bastante poesía. Desde Salta y Jujuy seguiremos la crónica.
Salud y besos para todos y todas.
Me alegro que esteis viendo esos paisajes tan esplendidos que a la prostre es lo que mas se recuerda,los malos momentos hay que olvidarlos.En Salta y Jujui estareis muchos dias?Y despues donde vais? Besitos para los dos
ResponderEliminarHolaaaaaaaaaa!
ResponderEliminarHola amigos, me parece que habéis tenido una idea estupenda con este blog para compartir vuestra aventura con la familia y amigos.
Vega no sé si me comentaste algo sobre este blog en algún e-mail pero yo no me he enterado hasta la semana pasada que existía, cuando durante un recreo Juanjo nos lo enseñó a Jhon y a mí. Me parece por las fotografías que más de dos veces os habéis quedado sin aliento y no por las caminatas que os estáis dando sino por lo espectacular de los lugares que estáis visitando. Espero seguiros a partir de hoy y así conocer más sobre aquella tierra lejana y soñar despierta. Cuidaros mucho y os veo mañana
Estaremos recorriendo las quebradas durante varios días y no sé si podremos contaros cosas por falta de tiempo o porque no haya conexión a internet. Así pués hasta pronto.
ResponderEliminarQuiero ir al Perito Moreno....
ResponderEliminarYo sé que tanta publicidad al Perito este no es más que pa que me arrepienta de no haber ido cuando estuve pallí. Pues ya lo habéis conseguido, me arrepiento. Ya iré con Edu... que parece que se lo pide a los Reyes (Magos, entiéndase).
ResponderEliminarDesde Burdeos, abrazos a los tres (uno pa Edu).
Qué envidia nos dáis!!! De la sana, eh???
ResponderEliminarY lo de la mamá de Marco, no se había muerto en realidad y lo de que estaba en Argentina era una mentira como un piano para que los niños no se traumatizaran????
Un beso!!!